Viajar por viajar (o cómo despilfarrar el dinero en las empresas)

 

Terencio Ramírez no podía estar más contento en su trabajo. Hace un par de meses había sido promovido al puesto de Manager de Operaciones para el sur de Europa, con base en Barcelona. Su empresa, una multinacional con presencia en más de 30 países, había apostado claramente por él. Como ahora era muy importante, le habían dado un portátil nuevo, una Blackberry y un block de cheque-comida, entre otras prebendas.

Una soleada tarde de invierno estaba Terencio tan tranquilo en su oficina cuando, de repente, recibió una llamada de Klaus VonTrinken, el “Really Important European Coordinator of Managers”. Con carismática voz, similar a la de Pedro Piqueras pero en inglés, este jefazo comunicó a nuestro protagonista que había surgido un imprevisto y tenía que viajar cuanto antes al cuartel general, emplazado en Baden-Baden.

¿Qué habrá pasado?, se preguntaba Terencio ¿habrá caído un rayo en la central de data-store? ¿habrá fallecido McArra, el anciano Manager de Operaciones USA y querían ofrecerle su puesto? ¿Tal vez necesitaban escuchar su experta opinión antes de tomar una decisión de alcance mundial?

La realidad es que Klaus acababa de sufrir una de sus frecuentes crisis de liderazgo. En estos casos, para reafirmar su indiscutible autoridad, solía recurrir al viejo truco de llamar a su presencia a alguno de los mandos intermedios de la empresa. De este modo, todos veían quién era el que dirigía el cotarro.

El caso es que Terencio dejó todo lo que estaba haciendo para ponerse a buscar el primer vuelo disponible para Baden-Baden. El billete más barato de ida y vuelta para el día siguiente costaba la friolera de 980€. Asustado, envió un email al susodicho jefazo, proponiendo retrasar la reunión, con el fin de encontrar un viaje más barato.

La contestación no se hizo esperar. En menos de cinco minutos recibió un e-mail de VonTrinken con el siguiente subject: Take the first flight (es decir, vente cagando leches). No cabía duda. Su presencia en Baden-Baden era fundamental para el devenir de la compañía. Tras hacer la reserva pensó, henchido de orgullo, que por fin había entrado en el selecto grupo de ejecutivos que dedicaban la mayor parte de su tiempo a viajar por todo el mundo, reuniéndose con directivos de primer nivel. Lo que no sospechaba es que, en realidad, se había convertido en una marioneta en manos de un cacique al que no le importaba malgastar el dinero de su compañía, con tal de reafirmar su poderío, a ojos de los demás empleados.

Este cuento está inspirado en una de las anécdotas que se contaron durante una de las típicas cenas de Navidad. Tras los postres, uno de mis mejores amigos hizo las delicias de los presentes, narrándonos las correrías de uno de sus jefecillos (coordinador a nivel europeo). Entre otras cosas, este señorito de las altas esferas directivas gastaba enormes cantidades de dinero haciendo viajar constantemente a sus colaboradores por todo el Viejo Continente, con las excusas más peregrinas. La razón de tanto viaje se debía a que, de este modo, se sentía tan poderoso como un reyezuelo medieval, mandando de un lado a otro a sus súbditos por puro capricho.

Tras relatarnos una extensa colección de pillerías perpetradas por este ejecutivo de tres al cuarto, mi amigo nos confesó que su último viaje “last minute” le había costado a su empresa la friolera de casi 1.000€ (un vuelo entre dos capitales europeas, en clase turista). Lo más increíble es que, al regresar a España, estaba totalmente convencido de que la reunión a la que había asistido asistió para tratar ese problema “tan urgente” se podría haber celebrado por video conferencia, ahorrándole un dineral a su compañía.

Personajes como el de este cuento abundan, sobre todo, en las corporaciones multinacionales. Con su alegría a la hora de gastar el presupuesto de los departamentos que dirigen, contribuyen a disparar los costes de sus empresas llevándolas, en muchas ocasiones, a soportar cuantiosas pérdidas. Todavía no acabo de explicarme por qué hay tantos directivos adictos a los viajes en avión, a las comiditas en restaurantes pijos y a las reuniones de team-building en lugares exóticos. Me imagino que en este mundillo de jerifaltes, cuanto más se va de acá para allá y más se gasta en “farras” corporativas, más papeletas se tienen para formar parte de la siguiente hornada de ascensos. ¿Por qué los accionistas (legítimos dueños de las empresas) dejan que estos tipejos les roben su dinero sólo para satisfacer sus ansias de destacar sobre los demás?

En mi opinión, las grandes compañías tendrían que establecer departamentos de inspección de gastos “de representación”, con el objeto de atar en corto a los ejecutivos con excesiva afición a tirar de la Master Card corporativa.

Lamentablemente, en muchas ocasiones, los primeros interesados en que no se conozcan sus caprichitos (pagados con el dinero de la empresa) son los propios miembros del consejo de administración y de la junta directiva.

Imagen:
Plane landing against the Manhattan skyline” by John Wardell (Netinho), under CC. license, some rights reserved

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2 respuestas a Viajar por viajar (o cómo despilfarrar el dinero en las empresas)

  1. Anonymous dice:

    En algunos casos, las reuniones que implican desplazarse a otro pais no son solo un despilfarro en terminos de billetes de avion o noches de hotel, sino tambien en terminos de tiempo malgastado, ya que en la mayoria de ocasiones es imposible procesar toda la cantidad de informacion que se expone en dichas reuniones.

  2. economouse dice:

    @anónimo: Totalmente de acuerdo con tu comentario. Dado que las reuniones internacionales “last-minute” son tan costosas para las empresas, los organizadores suelen tratar de justificarlas incluyendo un considerable número de temas a tratar en el orden del día. Como resultado de esta saturación de ideas, los asistentes terminan, generalmente, con un cacao mental de tres pares de narices. Por otro lado, debido a la generalizada ausencia de registros documentales, muchas de las mejores propuestas de este tipo de encuentros se acaban quedando en el tintero y nunca son llevadas a la práctica.

    En resumen, las reuniones internacionales planificadas deprisa y corriendo, suelen tener un coste elevado y resultados más bien pobres para las compañías.

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